CADAVERITAS
Pasada ya la euforia del "día de muertos", o para lo que muchos ya identifican como "Halloween", bien valdría la pena hacer una revisión de lo que para nuestro adorado México significa la muerte. No vamos a caer en la vieja trampa del INAH y enredarnos con culturas antiquísimas, porque si bien somos admirados (con cierto morbo debo decir) por "convivir" con nuestros muertos, el tema de la muerte en México es un asunto que se ha ido renovando y modificando con los años.
Primero que nada algunos sectores ya han elevado a la muerte hasta un grado de deidad, y eso porque aquí nos ha dado por divinizar hasta la misma mariguana, pues bien, cual nativos, algunos grupos han orado por salvaguardar su vida, sus bienes y hasta su alma a la parca: "Salvanos de morir oh dulce señora de la muerte" (¿?), tan congruente como se escucha.
La muerte como negocio es muy lucrativa, si no me creen, basta con asomarse a algún puesto de periodicos, entre más sangre el cadaver más vale la foto, lo que nos lleva a la pérdida de sensibilidad ante la barbarie del asesinato, es ahora tan común enterarse de la desafortunada muerte de alguien que ya aprendimos a convivir con el fenómeno, lo cual a todas luces es peligroso, se va acrecentando lentamente la crueldad con la que se dan los delitos, y si un día nos sorprendimos e indignamos por la matanza en tal lugar, al día siguiente olvidamos eso y nos concentramos en la siguiente que fue obviamente más violenta.
La muerte nos acompaña a cada paso, si bien es cierto que nadie desea morir, nos la pasamos matando a cuanto cristiano tenemos enfrente: "Que se lo lleve la chi...", peor aún, nos volvemos suicidas del lenguaje cuando nos matamos cien veces al día: "Me voy a morir de hambre", y que tal cuando damos la vida por el ser amado: "Muero por tus besos", lo peor de todo es que abundan los que se sienten inmortales: " Muero cada mañana cuando siento tu ausencia, y muero cada que respiro al recordar tus labios", si, si , podremos morir las veces que creamos necesarias, lo único que sí es un hecho, es que sea la religión que te ampare y los dioses a los que tributo les rindas, nadie te salvara de un buen día alguien te tome la palabra y terminen tus días.
Mexicano como soy debo acabar como la tradición me dicta y esto es, riéndome de la muerte, así que para todo el gremio de IMALDI ahi les dejo esta cadaverita para su deleite:
"Todos en IMALDI veían aterrados...
como la Muerte pasaba a su lado...
y esta se reía mientras se iba cargando...
todos los huesos del cuerpo de Armando..."
Primero que nada algunos sectores ya han elevado a la muerte hasta un grado de deidad, y eso porque aquí nos ha dado por divinizar hasta la misma mariguana, pues bien, cual nativos, algunos grupos han orado por salvaguardar su vida, sus bienes y hasta su alma a la parca: "Salvanos de morir oh dulce señora de la muerte" (¿?), tan congruente como se escucha.
La muerte como negocio es muy lucrativa, si no me creen, basta con asomarse a algún puesto de periodicos, entre más sangre el cadaver más vale la foto, lo que nos lleva a la pérdida de sensibilidad ante la barbarie del asesinato, es ahora tan común enterarse de la desafortunada muerte de alguien que ya aprendimos a convivir con el fenómeno, lo cual a todas luces es peligroso, se va acrecentando lentamente la crueldad con la que se dan los delitos, y si un día nos sorprendimos e indignamos por la matanza en tal lugar, al día siguiente olvidamos eso y nos concentramos en la siguiente que fue obviamente más violenta.
La muerte nos acompaña a cada paso, si bien es cierto que nadie desea morir, nos la pasamos matando a cuanto cristiano tenemos enfrente: "Que se lo lleve la chi...", peor aún, nos volvemos suicidas del lenguaje cuando nos matamos cien veces al día: "Me voy a morir de hambre", y que tal cuando damos la vida por el ser amado: "Muero por tus besos", lo peor de todo es que abundan los que se sienten inmortales: " Muero cada mañana cuando siento tu ausencia, y muero cada que respiro al recordar tus labios", si, si , podremos morir las veces que creamos necesarias, lo único que sí es un hecho, es que sea la religión que te ampare y los dioses a los que tributo les rindas, nadie te salvara de un buen día alguien te tome la palabra y terminen tus días.
Mexicano como soy debo acabar como la tradición me dicta y esto es, riéndome de la muerte, así que para todo el gremio de IMALDI ahi les dejo esta cadaverita para su deleite:
"Todos en IMALDI veían aterrados...
como la Muerte pasaba a su lado...
y esta se reía mientras se iba cargando...
todos los huesos del cuerpo de Armando..."
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